EL DÍA QUE LLEGUÉ AL CIELO

El dia que llegue al cielo

Un viaje en bicicleta está lleno de altibajos, de desafíos y celebraciones. A veces (o mejor, la mayoría de las veces) las cosas no van como planificabas, pero siempre se sale de cada situación, de una forma u otra.

Comencé mi viaje por Sudamérica en noviembre de 2015. Hoy, ando “pedaleando” hace 16 meses, de los cuales cuatro he pasado en Asunción, Paraguay. Arranqué en Ushuaia, Argentina, y desde allí he ido lentamente por Argentina, Uruguay, Brasil, Paraguay, Bolivia (en bus), Peru y Ecuador, con el objetivo de llegar a México en algún momento en el futuro.

Aunque el viaje ha sido principalmente un banquete de increíble buena suerte en todo momento, hubo un día en la Pampa, Argentina, que no puedo olvidar. Ahí es cuando deseé haber sabido cómo convertir mi bicicleta en una bici de una sola velocidad.

Un día inolvidable en la Pampa Argentina

Un día soleado, después de haber pedaleado durante dos meses con sólo experiencias encantadoras, ¿qué hace una mujer finlandesa? Empeza a pensar: “¡Wow! Las cosas están yendo muy bien. ¿Cuándo va a pasar algo raro?” ¡Y allá vamos! Alrededor de dos minutos de este pensamiento me doy cuenta que una pequeña bolsa con mi DNI, tarjeta de crédito y algo de dinero ha caído en un cruce donde fui al “baño” 50kms atrás. Afortunadamente, hay una granja cerca, así que dejo mi bicicleta, vuelvo los 50kms a la escena del crimen a dedo, encuentro mi bolsa y pienso: “¡qué suerte increíble!”

Allí comienzo a pedalear otra vez. 30kms más y un camión me pasa muy cerca. Me muevo fuera del camino al lado de la carretera y caigo. Rasguños en mis rodillas y codos, hay algo de sangre y los manubrios de la bici parecen extraños. No hay problema. Me limpio y consigo arreglar la bici. ¿Y mi pensamiento? “¡Guau! Podría haber sido peor!”

Voy y pedaleo 30kms más. Hambrienta y cansada, después de pedalear 135kms, mi destino del día se encuentra a sólo 10kms de distancia. Soñando con cacahuetes salados, de repente veo una bolsa sellada de cacahuetes caramelizadas al lado de la carretera. ¡¿Vos pensarías que esto es un regalo de arriba y lo llevarías?! Yo sí. Así que me detengo, tomo la bolsa y continúo … o mejor, intento continuar. Mis cambios no funcionan. Lo intento de nuevo. Nada. Demasiado cansada para pensar, intento otra vez (¿qué tipo de idiota hace esto?). Y ahí vamos… Veo que todo mi desviador trasero se contrae y se cae. Oh, genial.

Por suerte, hay un montón de coches en la carretera, así que decido que yo y mi bici iremos a dedo a la próxima ciudad. Levanto mi pulgar, pero nadie me recoge. Estoy siendo totalmente ignorada. De repente, una camioneta para con tres hombres fuertemente tatuados, se bajan y caminan hacia mí. Guay. La pesadilla de mi madre. Tratan de ayudarme mentalmente mirandome convertir mi bicicleta en una bici de una velocidad. Nunca lo he hecho ni he visto a nadie hacerlo. Pero he oído que se puede hacer, así que mido la cadena, la corto y uso un eslabón de cadena para poner todo de nuevo en su lugar. O eso es lo que pienso. Orgullosa del trabajo hecho, me subo a mi bici y los hombres se van. Sólo una pisada en el pedal y mi cadena queda completamente atascada. He cortado la cadena demasiado. ¿Mi pensamiento esta vez? “Mierda.”

No puedo hacer otra cosa que probar mi suerte con los autos de nuevo. En una fracción de segundo llamo la atención de dos tipos en sus motocicletas Harley Davidson. (Continúa la pesadilla de mi madre). Me preguntan si mi bicicleta y mis cinco alforjas quieren subir a una de las motos. En serio no. No me parece tan seguro. Así que llegamos a una solución mucho mejor, que implica una motocicleta, una cuerda y una bicicleta. Sí, estoy siendo remolcada 10kms por una Harley Davidson. A mi llegada a la siguiente ciudad me dicen que podré arreglar la bici sólo en la próxima gran ciudad, que se encuentra a 40kms de distancia. No puedo andar en bicicleta, ni me siento comoda colgandome de una cuerda a la parte trasera de una motocicleta por 40kms más.

Así que empiezo a preguntar a la gente en una gasolinera si alguien me podría llevar a Bahía Blanca. Todos los coches están llenos, hasta que por fin un camionero camina hacia mí y dice que me llevará (mamá, por favor, despiertate!). Así que ato mi bicicleta a su camioneta y subo. Un hombre copado. Me ofrece café y mate. En menos de una hora llegamos a la ciudad.

Cae la noche. Yo y mi bicicleta rota estámos en algún lugar en los suburbios de una ciudad extraña, sin luces en la calle. La situación a evitar, siguiendo los consejos de cualquier libro de guía de viajes. “¿No es esto genial?”, pienso, mientras paseo por las calles negras y vacías de Bahía Blanca. Lo que estoy tratando de hacer es encontrar la casa de un anfitrión de Couchsurfing que no ha respondido mís mensajes después del primero hace una semana. Tengo su dirección, así que con el 3% de la batería que queda en mi teléfono, logro navegar hasta su casa.

Con casi ninguna fuerza restante, golpeo muy despacio la puerta y espero a que alguien se abra. Mientras tanto, paso en mi cabeza los inexistentes Planes B y C en el caso probable que nadie responda. Espero y espero… y espero. Y entonces, justo cuando estoy a punto de irme (después de derramar también algunas lágrimas desesperadas y no deseadas), de repente se abre la puerta de golpe. Un hombre me invita al interior con una cálida sonrisa en su rostro. Estoy en el cielo.

P.S. Sugiero a todos los ciclistas que busquen algún tutorial de YouTube sobre ​​”¿cómo convertir mi bicicleta en una bici de una velocidad?” antes de irse de viaje.

Written by Sissi Korhonen

Fascinated by meeting, interpreting and understanding people. Strangerless at soul and heart.