DÍA DE LA MADRE – FELICIDAD DESPUÉS DE LA VIOLENCIA

DIA DE LA MADRE

Traducido por Mónica Dábala del artículo MOTHER’S DAY – HAPPINESS AFTER VIOLENCE (escrito en el día de la madre).

Hoy es el día de la madre. Un día en el que las familias celebran a las madres, si están presentes, y un día para conmemorarlas si no lo están. Mi día de la madre este año ha sido un día que seguramente voy a recordar por un largo tiempo – no por su belleza, sino porque viví una realidad que deseo que nadie tenga que atravesar.

Sin dar nombres ni información muy detallada, durante una semana fui testigo de violencia mental y física. Un hombre y una mujer se conocieron a través de internet cinco años atrás, y después de un par de citas, la mujer quedó embarazada. Como está culturalmente aceptado, decidieron mudarse juntos y empezar una familia – de diferentes culturas y apenas conociéndose el uno al otro.

Cinco años después, tienen dos hijos maravillosos. El amor de la madre por sus hijos es tan obvio como el deseo del hombre por mantener la familia unida. Entre la pareja hay afecto, hay dependencia, pero amor? Yo, no puedo sentirlo.

La noche pasada salí en el pueblo donde me encuentro, volviendo a “casa” un poco pasada la medianoche. Cuando regresé lo que me encontré fue a una mujer sollozando en posición fetal en una esquina atrás de la puerta de la cocina. “Me golpeó” , continuaba sollozando. El hombre en cambio, estaba parado frente mio, diciendo de forma histérica: “No se que hacer”. Entre ellos se encontraba su hijo de cinco años llorando y diciendo: “Papá golpeó a mamá, me quiero ir a casa” (estamos en cualquier lado menos en el día de la madre).

En el momento en que mi compañero de viaje y yo aparecimos en la escena, nuestra verdadera misión fue la de calmar a la pareja. Yo me quedé con la mujer, abrazándola y tratando de consolarla diciéndole que todo iba a estar bien. Ella sollozaba y temblaba y continuaba repitiendo que se quería morir y que no había ningún lugar ni nadie a quien recurrir. Me rogaba que la ayudara y yo le prometí que iba a hacer lo que estuviera a mi alcance – y empecé a actuar.

La mujer y yo hablamos durante dos horas, y descubrí que no fue la primera vez que ocurría algo así. No fue la primera vez que hubo violencia física y probablemente no sería la última tampoco. La mujer tiene sólo unos meses más de vida, padece cáncer, y me dice que todo lo que quiere es vivir sus últimos momentos feliz. Lo que vi en ella fue a alguien exhausto de luchar y de intentar, y vivir una vida de eterna decepción.

Poco después el hombre quiso hablar con la mujer. Mi compañero de viaje y yo los escuchamos, tratando de no interferir, pero también asegurándonos que la situación no se saliera de control. El hombre habló de todo y poco a poco también la mujer pensó que había exagerado en todo lo que había dicho. El hombre suplicó para que lo perdonara y la mujer lo perdonó. La pareja se fue a dormir y yo me quede con la imagen del niño pequeño diciéndole a su madre: “No llores mami, todo va a estar bien”.

Esta mañana me desperté con el sonido de risas felices. La familia estaba reunida otra vez, todos estaban bromeando, todo era tal como solía ser. Nadie estaba enojado ya y ambos, tanto la mujer como el hombre, estaban haciendo su mejor esfuerzo para que el otro se sienta bien y amado. Todo estaba bien por afuera. Aún así, yo me sentía horrible por dentro. Sólo ocho horas atrás, había presenciado una escena de violencia doméstica y desesperación absoluta.
Durante el almuerzo, el hijo de cinco años de repente dijo: “Papá, por qué la golpeaste a mamá?” y miró a sus padres con sus enormes y bellos ojos. La respuesta del hombre fue inmediata: “Cariño, cómo puedes decir algo así? Yo nunca haría eso. Tuviste una pesadilla y nos despertarse a ambos llorando, te acuerdas?”. El niño se quedó en silencio y siguió comiendo. “Sólo fue una pesadilla, querido” repitió el hombre. “Es cierto, cariño”, dijo la mujer y le sonrió a su hijo. “No sucedió nada” dijo.

A todas las mujeres que sufren violencia doméstica en Ecuador, hay un refugio para mujeres en Quito que se llama Casa Refugio Matilde (Tel: 02 252 6316), pero antes de contactarlos hay que hacer una denuncia oficial a la policía de Quito (tel: 02 398 5800). Otro contacto es la Comisaria de la Mujer y la Familia, que protege a las víctimas de violencia doméstica.

Mi madre me ha enseñado: donde hay violencia, te vas. PUNTO.

Written by Sissi Korhonen

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